ESCLAVA DOMÉSTICA

Crossdressing Girls: nº1 en su género y sin ánimo de lucro.























Tenía 17 años y todavía era virgen. Iba muy quemado pero no conseguía engatusar a ninguna de mis amigas de instituto para echar un polvo en el campo. Soñaba con follarmelas a todas entre la hierba y los arbustos secos del verano. Llegó un momento que me resigne a no conseguir mi sueño y comencé una época hedonista llena de ropa de mi madre y objetos alojados dentro de mi ser. Igualmente intentaba mantener mi mundo masculino en orden y a salvo de miradas malintencionadas. En las duchas del instituto intentaba pasar desapercibido (ahora me doy cuenta de lo idiota que era). Marcos era mi amigo y mi vecino. Juntos dábamos vueltas por los bosques que rodeaban nuestro pueblo. Era de estatura mediana, fornido para su edad, de pelo corto y piel muy blanca. En una ocasión esperamos hasta el atardecer para ver a las parejas follando en sus coches entelados. Era una pradera de hierba baja y fácil de acceder con coche. Lo sufientemente discreta, hasta la llegada de dos adolescentes muy calientes.



Conseguimos primera fila. Un preciosa culito de veinteañera se balanceba sobre una poya que no llegábamos a ver. Nos calentamos aún más. Me sonrojé al ver que Marcos se metió su mano en el pantalón pero le asentí la acción con un gesto masculino de complicidad. Luego empecé a tocarme yo, excitado por mi compañero y aquel hermoso culo. Él se la sacó. Era enorme y venosa. Grande para su edad. Mi boca se hizo agua pero volví a asentir. Marcos se bajó totalmente los pantalones. Estábamos los dos de rodillas mirando hacia abajo desde un montículo invisible para los folladores.



Su frenesí al masturbarse me hizo sentir un calor húmedo entre mis poco velludas nalgas. La erección casi acabó en corrida. Marcos unicamente se quedó vestido con sus calcetines de rayas. Su piel me pareció casi transparente, su cuerpo masculiono pero con unos toques de chica musculosa. Ambígüo antes de transformarse en un macho bien formado. Pensé en subirme a su grupa pero él se abalanzó sobre mi. Se masturbaba contra mi pantalón de chandal. Me arrebató la camiseta. Introdujo sus dedos medianos en mi boca. Empecé a pensar en guarradas impensables hasta el momento...



Noté humedad que calaba hasta mi ropa interior. Llevaba por despiste las bragas de blonda de mi madre. Las de fin de año. Había salido con ellas precipitadamente. Casi mi madre me piya transvestido y Marcos que me viene a buscar... Él se excita aún más ante aquel encaje rojo. Abajo, los folladores hacen un 69. Aparece la cara de ella y el culo musculoso de él. Marcos intenta penetrarme sin apartar las bragas. Me lame el cuello e intenta hacercar su lengua hacia mis labios y sus dedos. Noto una presión en mi ano, humedad y un escozor agradable. Me ruborizo por fuera y me dejo hacer. Pronto noto todo su falo en mi culo. La saca lubricada en sus fluídos y un poco de mi mierda. Se la limpia con mi camiseta, el muy cabrón, y me monta mientras asistimos a algo increible.


La folladora y el güenorro salen del coche. Ella se pone un arnés con consolador incorporado. Él se tumba sobre el capó y ella se lo comienza a follar delante de otras tres parejas anónimas tras los cristales entelados. Marcos me hace gemir. Pienso en colocarme cara a cara a mi amigo pero el tema se calienta. En uno de los coches sólo hay un tio. El típico mirón de descampado. Sale de su vehículo desnudo y se dirige hacia la pareja. Del otro coche aparecen dos jovenes de 20-25 años. Una pareja rubia y preciosa. Cuesta saber cual de los dos culitos me follaría primero. Marcos consigue metermela hasta los cojones. Me duele pero me gusta que la meta y saque. Los folladores han sacado mantas y están en plena orgía. Marcos se corre y me pide que me levante. Bajamos hasta los folladores sudados y excitados. Los dos cogidos de la mano en busca de lo que nos quieran hacer...


Moraleja: Seas chica o chico, si se te pone a tiro
 un tío buenorro sin complejos, cómele la poya sin pensarlo.


¡QUE RICA POLLA!






















































































































¿Quién no ha sido un chavalito joven y con ganas de poya?



















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