TEORÍA QUEER

Era una noche calurosa de verano en Ibiza. Mi mujer se duchó se había vestido provocativamente para la cena de aniversario de bodas y yo por mi parte hacía lo posible con un traje algo arrugado. La verdad es que no había nada maravilloso que celebrar. Desde hace tiempo no conseguía que Marta me hiciera nada especial en la cama. Hasta un beso negro lo encontraba asqueroso. Era una aburrida monja conmigo. Pero siempre tenía una mirada pícara y algún jugueteo con su larga melena ante los hombres atractivos, jóvenes o maduros. Le encantan los hombres robustos y no los del montón como yo. Esto no lo disimulaba y lo usaba para darme terribles celos. Algún cuchicheo de que yo era un cornudo rondaba por mi cabeza. La verdad es que no nos decepcionó el ambiente de la ciudad. La cena no fue aburrida y acabamos en un bar de copas lleno de gente como nosotros, turistas treintañeros. Tuve que ir al aseo para dar paso a los cubalibres y allí un camello me ofreció algo a buen precio. Unas pastillas que decía eran "extasis". Nunca la habías probado, como mucho algo más light. En nuestra mesa se las ofrecí a Marta. Como íbamos algo pasados de vino y teníamos pánico de acabar aburridos como de costumbre nos tomamos poco a poco media cada uno.

Fue terrible al principio. ¡Un calor abrasador!. Pagamos y nos fuimos casi involuntariamente a un pub de gente mucho más joven. Incluso diría que algunos tendrían la edad de nuestra Marta junior, 18 recién cumplidos. Obligué a mi pareja a bailar junto a dos bellezones juveniles vestidas con vaporosas camisas blancas con bolantes, pantalones de látex y largas coletas rubias. Una maravilla. Ibamos pasados y sobró tiempo para que Marta acabara tonteando con un chico. La verdad sea dicha, era también un bellezón que iba a la moda "emo". Lo se porque mi hija vestía igual. Su ambigüedad y glamour me la puso dura. Dejé que Marta siguiera con su juego. Pero antes me acerqué a ella con un cubalibre cargado con media pastilla más que ella comenzó a tragar mientras me llamaba: ¡Celosón!. A partir de ese momento intenté ligarme a la parejita de bellezones. Aunque eran bastante lelas solo conseguí un baile sensual y algún toqueteo. Estaba tan absorto y desinhibido en la pista que me olvidé por completo de Marta. Miré a mi alrrededor y todo el mundo iba tan embriagado como yo. Era fácil perderse en algún rincón para dejar rienda suelta al vicio. Pero yo era el único que no cazaba nada y para remate mi mujer estaba entrando en el aseo con el chico emo. Decidí esperar antes de montar una escenita. Marta simplemente iba al baño y había coincidido con el chico, nada más. Molesté a alguna turista extranjera guapísima hasta que su novio me dió un empujón. Acabé sobre un grupo de amigos y al intentar levantarme mientras me disculpaba, alguien me puso su mano sobre mi culo y la arrastró hasta mi pene. ¡Eran unos maricas!. Los insulté y volví a la pista. Pense en el gusto que aquello me había dado unos minutos después. Me había sentido como un objeto de deseo en manos de aquel hombre. Volví a notar como mi pene se endurecía, ahora más. Mi mente estalló y acabé buscando a Marta en los aseos. Entre cachondo y celoso recorrí un largo pasillo hasta una gran hilera de baños unisex.

Mire bajo las puertas recortadas hasta encontrar un calzado conocido. Empujé suavemente la puerta para ver si estaba atrancada y...allí estaban los dos medio desnudos. Marta parecía una madre amamantando a aquel inverve estúpido y casi sin vello corporal. Su piel blanca y tersa le daba un toque femenino aunque su poya comenzaba a estar venosa. Me introduje a empujones en el cubiculo. Cerré la puerta con el seguro y comencé a desnudarme. Los dos intentaron hacer lo contrario asustados pero no les dejé tiempo. Me lancé sobre ellos totalmente empalmado. Primero sobre el chico que acabó con mi instrumento en la cara. Lo cogí del pelo y le obligué a chuparlo. A Marta le introduje mi dedo en la boca. Me miraba totalmente drogada y cachonda mientras el semen del chico caía desde su coño hasta su tanga. El cabrón se la había follado ya. Él chupaba con cuidado y lentamente. Mi carne disfrutaba con aquella cálida boca. No oponía resistencia. Casi me corrí pero quería más. Era una auténtica situación fetiche y de descontrol. Era única. Cogí la ropa de mi mujer y le obligué a ponersela. Los puse a los dos de cara a la pared y les dí varios cachetes antes de comenzar a sodomizar al tío. Parecía un ángel. Rubito y con su media melena con mechas negras. El piercing en su labio y la ropa de mi mujer que le quedaba excitante. Se estremecía a cada poyazo. Marta esperaba pacientemente su turno mientras se tocaba...

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...Su culo era virginal y en su interior mi poya notaba su cálida humedad directamente, sin goma por medio. Su conducto estaba entre un chochito juvenil y el de mi mujer que tan pocas veces había catado. Una maravilla donde  mi carne disfrutaba del roce y la resistencia de un culo que como mucho había gozado con algún consolador. No se notaban cicatrices pero si un poco más de dilatación de lo normal. Después de mi polvo seguro que aquello iba a cambiar. Como he dicho antes su cuerpo era una preciosa mezcla de masculino y femenino. Su forma de Gemir era igualmente ambigüa y excitante. Pasé las manos de la cintura a su pecho, pequeño pero erecto. Le mordí con fuerza su suave cuello después de ladear su melena. Su piel blanca, lechosa y femenina me daban ganas de comermelo. Desde atrás era muy difícil diferenciar que me estaba follando con tantas ganas y locura. Grité al correrme y descargar una gran cantidad de semen caliente en su interior. Impaciente mi mujer se puso detrás como queriedome penetrar con su suave vello púbico. La aparte suavemente porque quería ver como salía mi leche del culo de aquel apuesto joven. Ya había visto salir el suyo del coño de mi mujer y tenía curiosidad. En ese momento giró su cara hacia nosotros y vi un rostro desencajado por el placer y de vergüenza. Estaba muy sonrojado y con su pene totalmente erecto. Unas gotas cristalinas salían de él. Le levanté la piel y cogí una buena porción de aquel mágico líquido. Marta y yo las degustamos con los lenguetazos más obscenos realizados jamás por nuestra bocas. El culo del chico palpitaba y yo volvía a empalmar. Era un dilema, ¿Marta o el chico otra vez?...

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Como se que queréis más aquí os dejo otro archivo para que la vuelta al trabajo o los estudios sean más llevaderos. Espero que disfrutéis tanto como yo. Ahí va una muestra de las fotos...