VAMONOS DE PUTOS

Pablo dejó el taxi en la cochera y subió al piso para arreglarse. Se puso de domingo y cogió su coche particular dirección a la carretera secundaria donde había hecho un buen servicio por la mañana. El local parecía una nave industrial bien cuidado y con amplio parking para unos 20 turismos y algunas motos. El ambiente era el de un bar de autovía donde cada uno iba a la suya pero muy controlado a la vez que agradable. No era cutre o peligroso y, lo mejor era muy discreto por su distancia a casa. Perfecto y encima conocía al camarero cubano que había dejado allí. 30 minutos de carrera dan para ser conocidos. Y si encima eres del R. Madrid y extranjero mejor. Pablo meditó qué, cuando, como y con quién se acostaría en el putiferio. Pasó de todas las ideas que había acumulado desde adolescente sobre aquel momento. Estaba contento y tenía dinero de sobra para gastar en la cuenta que escondía bajo la tapicería de su asiento. Rubia, alta, guapa y con unas piernas finas y largas. Nada de beber demasiado. Pin, Pan, Pun y fuera que tocaba diana con lo del colegio. Llegó al local a las 10.30. Se peinó y se guardo el dinero en el bolsillo oculto de la chaqueta. Dejó algo para las copas en su pantalón. Nada de documentos, nada de cartera. Le picaba el vello depilado pero a la vez le excitaba. Entró sin mirar a nadie. Zas en un segundo estaba junto a su nuevo mulato amigo. Bebió una cerveza que le salió cara aún con descuento de amigo. Preguntó por la mejor, un poco más de su presupuesto, del local al barman. El jóven le sonrió y le retó a una apuesta. Le pagaba una ronda si se acostaba con lo que él pensaba que era la joya del local. En ese momento estaba libre pero no bajaba a la barra. Pablo aceptó y se tomó otra cerveza para entonarse. El barman lo dirigió a unas pequeñas escaleras que daban a la primera planta. El taxista se extraño de no pasar por la escalera general. Arriba había un pasillo oscuro con unas luces como las de emergencia de un centro comercial. Se veía lo justo que la verdad parecía muy apetecible. Iban vestidas muy modernas y juveniles. Todas menos una que llevaba un vestido que tranquilamente su mujer hubiera llevado a una boda y que parecía más madurita. Pero no menos apetecible. Le recordaba a su suegra en sus buenos tiempos. Era una mujerona monumental a 5 metros de distancia. Quería uno de aquellos pechos en su boca. Le señaló entrar en la habitación con el dedo y sin mediar palabra. Le lavó la entrepierna. Le hizo una paja en el bidé. Ninguno de los dos hablaba. Se comieron la boca junto a la cama. Lo acabó de desnudar lo puso de espaldas le limpió un poco el culo y le comió todo el culo. Pablo casi se corre. La siguiente vez era final de servicio y no sabía por cuanto le iba a salir la broma. Ella se quitó el vestido y se quedó en un completo juego de lencería negra con corpiño de cuero incorporado...

Sigue abajo
  















...Era un tio pero estaba bueno y le seguía pareciendo a su fetiche: su suegra. La verdad es que aquella ropa y su actitud la hacían muy femenina. Las tetas eran postizas y la tranca ya comenzaba a hinchar el encaje de las bragas. Estaba maquillada con gusto. Le comió la polla con cuidado. Luego se rozó contra él, con lujuria pero con fuerza. Pablo cayó de cara sobre el mullido edredón de satén, su culo quedó en pompa sobre el final de la cama y sus piernas tocaban de puntillas el suelo de moqueta. Pasivo notó todo lo que le hacía para dilatarlo antes de que comenzara a penetrarlo un cuerpo vestido de mujer. La metía y sacaba entera mientras le derramaba lubricante. Luego se tumbó sobre él y le agarro a manos llenas sus pecho. Era lo mismo que hacía Pablo con su mujer. La poya del travesti era larga y curvada hacia arriba. Le rellenaba todo su culo que descubrió que era más ancho de lo que pensaba. La saliva le caía sobre el edredón como en el dentista. Disfrutaba como un cerdo mientras descubría el placer de una buena tranca. Se le vino a la mente la imagen cachonda de un montón de tios turnandose para follarlo. Su amante le invitó a girarse. Todavía en el borde de la cama y boca arriba le cogió de los tobillos y le puso los dos zapatos rojos de talón descubierto con medio tacón de madera. Levanto sus piernas y se lo comenzó a follar como una novia. Aunque Pablo se corrió la profesional siguió sodomizandolo a conciencia. Después de diez minutos de monólogo le pidió que acabara. Se notó con la misma cara de cansada que hacía su mujer en aquella misma situación. Pablo se sintió como una puta con sus zapatos de tacón y aguantando el chaparrón de pollazos en su ya dilatado culo. El travesti se corrió y dijo el precio del servicio a la vez. Su voz era potente. Pablo pagó, se limpió lo mejor que pudo y acabó en la puerta del coche. Sin ningún tipo de dilema mental. Se encontraba agusto y saciado. No era maricón. Solo era una muestra de lo moderno que puede ser el nuevo SuperPablo.

Durante el viaje a casa añoró no estar acostado junto a su esposa y poder explicarle aquella nueva experiencia. Se sintió desgraciado de no tener complicidad con su mujer. A ella no le importaría una mierda y lo usaría para undirlo. El resto de trayecto alucinó con la idea de un polvo con su suegra. Con su suegra con una tremenda y gustosa poya, mientras la hija era violada por el guapo barman cubano. Sudado y fibrado, solo vestido con una corta camiseta blanca del R.Madrid...

No comments: