LA HORA DE LA MERIENDA

Me encanta llegar a casa por la tarde. He acabado el trabajo en la oficina y si el jefe no me obliga a tomar unos vinos con él salgo a todo trapo para verla. Ella no trabaja, no lo necesita y yo no quiero que aguante a ningún cabrón o cabrona. Al único de la familia que le dan por culo es a mi. Mi mujer es rubia (teñida) y muy, muy sensual. Llama la atención por sus torneadas piernas, su larga melena y por sus dos implantes, algo más grandes de lo normal. Le encanta exhibirse en la clase se yoga. Me la imagino montándoselo con algún musculitos mientras yo les lamo a los dos los bajos. Le encantan los culos masculinos. De novios me comió el culo en las primeras vacaciones solos. A la tercera vez no encontró resistencia y me penetró con un precioso pepino embuelto en un condón. En aquel momento nos conciliamos los dos de nuestros secretos sexuales y descubrimos que eramos tal para cual. Continúo con lo de la tardes... Al llegar a casa ella me hace una merienda ligerita, nos explicamos el día y luego me acompaña al baño para el ceremonial. Allí me convierte en una sofisticada treintañera vestida para matar. Algunas veces logra verdaderos milagros y me corro con solo verme en el espejo de cuerpo entero. Pero lo mejor es cuando se coloca las correas y la polla de latex y comienza a tratarme como a una zorrona. Constantemente estamos inventando historias. Ahora estamos jugando a chica de la limpieza y la señora exigente. Mientras voy limpiando el polvo ella me mete uno. Ya sabe la cantidad de lubricante que me tiene que aplicar para que no manche nada. ¿Que podría pensar nuestra hija Marta?. Pues todo, pero hace como si nada. Es una adolescente muy lista. Más de una vez la he visto mirarnos de reojo durante mi sodomización, escondida en las escaleras. Según su madre, Marta continúa la tradición familiar con los novietes que trae a casa. Mi mujer la pilló jodiendo a un precioso chiquillo al venir del gimnasio. Lo estaba perbirtiendo analmente con el barrote de la cama. Como me gustaría que las dos generaciones nos pusieramos de acuerdo y nos montaramos todos juntos unos buenos shows. No es que me encante la idea de que me joda mi propia hija, más bien sueño con montar un trenecito con alguno de los criajos que trae a casa. Que cerda que soy a la hora de la merienda.

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