TRAVIESA PERFECTA

Eran los ochenta...Antes las fotos se revelaban en las tiendas. Era complicado tener intimidad con los cerdos de los fotografos. Pero a la vez te abría otras puertas a la hora de buscar nuevos novios. Primero se empezaba con fotos poco pornográficas y se elegía una tienda de otra ciudad con un trabajador macizorro. Para tantear. Si este te miraba con deseo al recoger las fotos, se podía pasar a la siguiente fase. Fotos cada vez más guarras, hechas recordando como me comía con la mirada. Si era lo contrario, a otra tienda que había muchas. De aquella manera conocí a Hector. Rubio, delgado y alto. Con el tiempo nos atrevimos a pasar de la palabras (húmedas y tentadoras) hasta su piso. Como yo era muy joven y deliciosamente afeminado se volvió loco por mis huesos a la tercera visita. Él me convenció con un rollo tirando a romántico: tenía un sueño desde hacía tiempo. Encontrar un ser lo suficientemente ambiguo para realizar el polvo perfecto. Quería suaves curvas sin descuidar la deliciosa carne que cuelga de un cuerpo masculino. Deseaba dar y recibir mirandome a la cara, viendo algo bello. Buscaba la perfección. Y yo se la iba a dar con la ropa de su hermana. Lo dejé con un cuba-libre tumbado en la cama. Me encerré en el aseo y...salí hecha una zorra. Su hermana era fan de la ropa ajustada de lycra (moda en aquellos años). Me costó mucho encontrar la pieza idónea que remarcara una silueta realmente femenina. Todo lo demás lo copié de una revista de moda que encontré junto al bidé. Pelo engominado hacia atrás, pendientes de aro muy grandes, cejas pobladas pero perfiladas, maquillaje fuerte en las mejillas, pintalabios rojo con contorno negro, bragas tipo "la tia Ambrosia" (muy grandes), medias tupidas, hombreras y zapatos de putilla. Él no pudo reprimirse y comenzó a masturbarse. Ya me esperaba en calzoncillos blancos y calcetines. Su pene era muy largo y rosadito. Me agarró por la cintura y lamió la mayoría de la lycra negra antes de comerme toda. Se metió mi pollita en su boca, penetró con su gran lengua mi culo. Comió toda mi boca y luego comenzó a follarme a cuatro patas mientras gritaba...Maricarmen, Maricarmen...Era el nombre de su hermana. Aquel tio estaba realmente mal del melón. Pero a mi no me importaba ser cabalgado bajo la identidad de otra. Aquello era magnífico, lo mejor hasta el momento en mi corta y guarra vida. Mi polla rebotaba en sus huevos y luego en mi barriga a un ritmo frenético...















































1 comment:

Elena said...

Que preciosidades tan perfectas!
Menudo regalazo nos haces amor!