LAS DOS AMIGAS

Ella consiguió endosarles la familia a unos amigos que iban de fin de semana a un parque de atracciones. Fué de compras a la ciudad con su gran todoterreno negro y trajo dos trajes de lycra negros, dos juegos de lenceria negra (y rosa), dos zapatos de puta negros y dos pelucas largas de pelo negro casi azulado. Al llegar a casa obligó a su marido a depilarse integralmente. Le repaso con las pinzas hasta el mínimo detalle de la cara y del ano. Bién entrada la noche hicieron uso de todo aquello. Se vistieron y se maquillaron como dos panteras. Ambas cogieron el gran todoterreno negro y llegaron hasta la desierta gasolinera de 24 horas. Ella ya había calculado el día y la hora de menos afluencia. Él solo se dejaba llevar mientras se excitaba con el roce de sus ligueros. Bajaron del coche y se dirigieron hacia la tienda de la estación contorneandose. Parecían dos mamás disfrazadas de conejitos playboy. Él se veía algo más corpulento pero estaba tan femenino que pasaban por dos hermanas mellizas. Dentro el chico de la caja comenzó a notar como su polla crecía ante aquellas dos bellezones que podrían tener la edad de su tía. Una treintañera de muy buen ver que trabajaba allí por las mañanas. Estaba solo estudiando para el último examen de la universidad y de repente se encontraba ante su mejor sueño húmedo. La pareja de guarronas se agacharon para coger unas botellas de licor en el estante más bajo de forma que los dos culos redondeados y blancos como la leche se mostraron en pompa ante el chaval. Sus trajes se habían arremangado hasta las pistoleras. Para sorpresa del jóven, el que más le gustó fué aquel que iba acompañado de una bien dotada polla también blanca como la leche. Le encantó como sobresalía del tanga. Iba sobrado de conejitos universitarios. Se sonrojó como un tomate ante el coño y el rabo que aquella noche iban a acabar en su boca. Pero él todavía no lo sabía...



















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