MISS TRAVIESA

En el gran todoterreno se bajó la bragueta y sacó su miembro. Empecé a manusearlo con lascibidad y luego me lo puse en la boca. Suavemente comencé a chupar esa delicia de carne dura y acariciándole los testículos con las uñas de porcelana conseguí que se corriera en mi preciosa cara maquillada. Tenía ganas de sentirme como una hembra de bandera y me bebí todo ese rico semen que fluyó por mis sonrojadas mejillas. Me acercó a mi casa y en el portal me hizo el culo agua estirandome hacia arriba el tanga. Me lo comió todo apoyada contra la pared. Notaba su aliento y su lujuria en mi cuello. Creo que entre las sombras del rellano cualquiera nos hubiera confundido con una pareja de mediana edad echando una canita antes de despedir a la Au pair. Esa misma noche, sin él, me masturbé con el mango del cepillo. Necesitaba rellenar todo aquel abismo que el desconocido había descubierto.








































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