EL MASTÍN NEGRO

Las primeras veces cogía un tanga de alguna de mis hermanas y me lo ponía con el ritual y las poses que ellas seguían. Me encantaba notar la tirita de satén o las perlitas dentro de mi impuluto ano. Luego me subía a a la cama, me colocaba con mi culito en pompa, y empezaba a masturbarme imaginando que detrás tenía algún negrazo de nabo inmenso penetrando mi culito con locura. Esto era lo único que hacía hasta que descubrí la polla de mi perro y perdí la virginidad. Me daba asco el contacto directo de su nabo enorme y rojo contra mi carne. Compré unos preservativos en la máquina de un bar. Lo masturbé y le colequé la gomita. Para la ocasión me vestí con un traje azul de satén, tanga de borla, botas negras de tacón de goma negra ancha y una peluca mediamelena negra. A cuatro patas le agarré el nabo y le obligé a acercarse. Conseguí meterme unos centímetros. Tuve que gritarle y estirar de sus patas hasta conseguir que me montara y comenzara a follarme. Su nabo se deslizó entre la baselina, me desgarró y noté una gran bola de carne en mis partes más intimas. Fue entre doloroso y lascivo. Después de unos 15 minutos se relajó me dejó tumbado mientras notaba algo húmedo que bajaba por mis juveniles pelotas. Tenía que encontrar un negrazo de verdad. Uno musculoso, piel azulada y grandes caderas.
















































































No comments: